Viajes

48 HORAS EN BARCELONA

Solo necesitas dos días, con sus dos noches, para dejarte llevar por la ciudad y quedarte con ganas de más.

Ana Ballesteros

Qué tendrá Barcelona que, incluso antes de irte, ya estás pensando en volver. Dispuesta a seducirte y a desquiciarte a partes iguales, sus calles son tan cuadriculadas como inspiradoras. Y es que la ciudad, empeñada en reinventarse, parece siempre diferente.

Tan llena de contrastes, protegida por la Sierra de Collserola y silueteada por el mar. Ese Mediterráneo al que cantaba Joan Manuel Serrat y que se integra de forma sublime en el galardonado como Mejor Bar del Mundo, que no es otro que la coctelería Blue Wave. Integrado en el Club One Ocean Marina Port Vell y con la firma del estudio de diseño barcelonés El Equipo Creativo, el espacio recrea una ola a punto de romper que envuelve a los clientes en una atmósfera llena de matices y reflejos. Con piezas de cerámica de Cumella elaboradas ex profeso para Blue Wave, en su suelo, paredes y techo se mezclan diferentes tonos de azul, con acabados en brillo y en mate, que se unen a otros materiales que reflectan la luz que se cuela por la celosía de espuma blanca que lo envuelve todo. En su terraza, además, te sentirás como en una cala entre mar y vegetación. No se nos ocurre sitio más idílico.

Eso sí, sentimos decirte que tendrás que resistir la tentación de quedarte aquí todo el viaje, porque una ciudad en la que el alma de Gaudí se respira en cada rincón tiene paradas obligatorias como el Parque Güell o la eterna inacabada Sagrada Familia, que, aunque uno esté harto de verla año tras año rodeada de andamios y grúas (134 años en proceso, que se dice pronto), su interior bien merece una visita de esas que te dejan con la boca abierta. Aunque si hay un templo del modernismo firmado por el arquitecto catalán que está al alcance de todos es Casa Batlló. En el corazón de la ciudad, no hay más que dejarse llevar por el paseo de Gràcia para toparse con el círculo de fotógrafos improvisados que rodean esta fachada.

Una vez tengas tu foto, continúa el camino por esta avenida del lujo entre los escaparates de Suárez, Valentino, Prada, Stella McCartney o la ya histórica Santa Eulalia. Si al llegar a la Plaça de Catalunya tu estómago se empieza a quejar, hemos descubierto un sitio a menos de 10 minutos a pie que debería ser parada de rigor en cualquier visita a la Ciudad Condal. Hablamos de Xibarri, el restaurante del lobby del Hotel Yurbban en el que puedes degustar la mejor gastronomía local. Recetas de la abuela, de toda la vida, en una carta de la que recomendamos probar los pimientos rojos asados, la coca de anchoas o los macarrones al tallant (estos últimos hay que pedirlos sí o sí). Acompaña la comida con un vino tinto Clos Dominic de la DO Priorat (si nos permites elegir por ti) y no te vayas sin pedir una crema catalana de postre.

Por la tarde, piérdete por las calles de la Ciutat Vella y el Barrio Gótico, solo así darás con maravillas como el mural ‘El mundo nace en cada beso’ (plaza Isidre Nonell), del fotógrafo Joan Fontcuberta. Adéntrate en La Rambla (esquivar turistas al final tiene su encanto) y haz la mítica visita al mercado de La Boquería. Zumos de fruta natural, sal de sabores, frutos secos, gominolas… Todavía no conozco a alguien que haya salido de ahí con las manos vacías.

Para cenar, date un homenaje. Visita uno de los restaurantes con Estrella Michelín de la ciudad: ABaC, de Jordi Cruz; Moments, de Raül Balam; o Lasarte, de Martín Berasategui son algunas de las opciones.

Ahora que el cuerpo te dice basta, hazle caso. Para que la curiosidad por conocer Barcelona no cese mientras descansas, te proponemos un hotel-museo en el Eixample: Sercotel Ámister Art. Exclusivo y elegante, alberga en su interior una maravillosa colección de arte contemporáneo. Nada más entrar, una lluvia de palabras de acero inoxidable, escritas en catalán y en castellano, cae sobre el vestíbulo. Es obra de Chema Alvargonzalez, uno de los ocho artistas que han realizado obras especiales para decorar las habitaciones, salones y otras dependencias de este alojamiento. Le acompañan Patricio Reig, Marta Montcada, Bosco Sodi, Fiona Morrison, Bruno Ollé, Jorge Pombo y David Ymbernon. ¿Cuántas veces has dormido en un museo? Igual es hora de apuntar la primera.

Cuando suene el despertador a la mañana siguiente, te dejamos remolonear un poco en la cama (con moderación). Esta vez, como punto de partida, la Basílica de Nuestra Señora del Mar. Es probable que al entrar se te corte la respiración: columnas que quieren tocar el cielo, vidrieras que invitan a sacar fotos con cada cambio de luz… Pero, sobre todo, historia, y mucha más de la que cuenta Ildefonso Falconés en su novela.

Desde aquí, pon rumbo a la Barceloneta, porque si algo está claro es que no te puedes ir de Barna sin ver el mar. Pasea, disfruta del sonido y de un skyline en el que el Hotel W ocupa el trono. Ahora, haz el camino a la inversa. A tu izquierda, la marina de lujo. Llega hasta el puerto viejo, donde encontrarás el Monumento a Colón, punto de referencia y mirador al mismo tiempo (no verás América desde arriba, pero sí una panorámica preciosa de la ciudad).

Y en lo que a vistas se refiere, te descubrimos las de la terraza del hotel Barceló Raval. 360º para enamorarte de Barcelona por los cuatro costados. Nunca caminar en círculos tuvo más sentido que aquí. Además, aprovecha para comer en el B-Lounge del hotel, un espacio donde disfrutar de una carta de tapas como los dados de salmón ahumado con aguacate, los cucuruchos de foie con sésamo o las patatas bravas Ravaleras. Y para quien llegue a los postres, imprescindible su versión de la piña colada.

Con la energía recuperada, pon rumbo a la Plaça d’Espanya. Desde la terraza del Centro Comercial Las Arenas tendrás mejores vistas, con Montjuïc al fondo.

Y, para terminar, un viaje al espacio. No, no me he vuelto loca. Cuando pasas una noche en el hotel Barceló Sants, te dan ganas de cambiar el pijama por un traje de astronauta. Ahora en serio: el hotel, como se puede adivinar, está en plena estación de Sants, y uno espera el típico alojamiento de paso con una decoración estándar, pero nada más lejos. Bienvenido a bordo de la decoración futurista y de las camas en las que quedarte a vivir de lo cómodas que son. Además, tienen bruma de almohadas, gominolas en el desayuno buffet y una mesa de trabajo con ordenadores Mac a disposición de los clientes. Una combinación de excelente servicio y pequeños detalles que harán que no quieras hacer el ‘check out’.

Además, si viajas por trabajo…

… Hemos descubierto un sitio desde donde no te supondrá ningún esfuerzo sentarte delante del ordenador. Dentro del Club One Ocean se ha creado un espacio de co-working que es lo más parecido a trabajar en un barco en medio del mar, pero sobre suelo firme. Si por nosotros fuera, trasladaríamos allí la oficina (y no, no exageramos).

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